Aun en la desesperación, Demian no
recordaba cuando fue la última vez que había visto las calles de su ciudad tan desiertas.
Era de madrugada, pero eran vacaciones de verano, lo que daría a las calles un
constante ajetreo hasta la mañana siguiente; siempre se veía a los jóvenes sentados en el cordón de la vereda tomando
algún refresco, o a parejas salir de la trasnoche de los cines. Pero hoy no era
así. El denso calor agobiaba a los habitantes y a los turistas por igual, confinándolos
dentro de sus casas y alojamientos, cerca, muy cerca, de los aires
acondicionados que les proporcionaban bienestar.
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domingo, 8 de enero de 2012
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